Mucho antes de los archivos en papel o las bases de datos digitales, un imperio que se extendía a lo largo de los Andes gobernó a millones de personas utilizando nada más que cuerdas y nudos. A primera vista, un quipu parece algo poco llamativo. Pero en sus hilos está incrustado un sistema de memoria que desafía lo que creemos saber sobre el lenguaje, la escritura y el registro de información.

Qué es un quipu y qué no es

Un quipu, también escrito khipu, es un dispositivo de registro hecho a partir de una cuerda principal de la que cuelgan decenas o incluso cientos de cuerdas secundarias. A lo largo de estas cuerdas se atan nudos con gran cuidado y precisión. El color, el tipo de fibra, la dirección del torcido, el espaciado y la forma del nudo transmiten significado.

Describir los quipus únicamente como herramientas contables es correcto, pero insuficiente. Sí registraban números: cifras censales, obligaciones tributarias, suministros militares y rendimientos agrícolas. Pero también hacían mucho más. En ausencia de un sistema de escritura como el utilizado en Europa o Mesoamérica, los quipus funcionaron como la columna vertebral administrativa del Estado inca.

En lugar de escribir la información, los incas la ataban para darle existencia.

Un imperio sostenido por cuerdas

En su apogeo, durante los siglos XV y comienzos del XVI, el Imperio inca gobernó a más de diez millones de personas en lo que hoy es Perú, Ecuador, Bolivia, Chile y partes de Colombia y Argentina. Este vasto territorio estaba conectado por una red de caminos extraordinaria y se administraba mediante una planificación centralizada.

Todo esto ocurrió sin tinta, papel ni escritura alfabética.

Los quipus permitían que la información viajara de manera eficiente a través de montañas y valles. Eran ligeros, duraderos y compactos. Un especialista capacitado podía leerlos de un vistazo o mediante el tacto, traduciendo nudos en cantidades y patrones en categorías. Lo que otras sociedades lograron con pergaminos o tablillas, los incas lo lograron con fibras.

Después de todo, la información también es infraestructura.

Cómo los quipus codifican números

En el nivel más claramente comprendido, los quipus utilizan un sistema decimal. Diferentes tipos de nudos representan distintos valores numéricos. Su posición a lo largo de la cuerda indica el valor posicional: unidades, decenas, centenas y más.

Un conjunto de nudos colocado más arriba en la cuerda podía indicar miles. Un nudo largo con varios bucles en la parte inferior podía representar un número de un solo dígito. Cuando se leía correctamente, una sola cuerda secundaria podía registrar cuántos animales tenía un hogar o cuánto grano debía un pueblo en impuestos.

Los grupos de cuerdas podían sumarse entre sí, creando totales que reflejaban comunidades enteras. En la práctica, los quipus funcionaban como hojas de cálculo portátiles.

Esta claridad numérica es una de las razones por las que los investigadores están seguros de que los quipus eran herramientas esenciales de gobierno y no simples objetos decorativos o artefactos rituales.

Más allá de los números: nombres, estatus e historias

Lo que hace que los quipus sean especialmente fascinantes es la creciente evidencia de que codificaban algo más que cantidades.

Han surgido patrones que vinculan los colores de las cuerdas con categorías sociales, nombres personales o afiliaciones de clan. En algunos casos, las mismas secuencias de colores aparecen junto a registros históricos conocidos, lo que sugiere un significado sistemático y no una simple coincidencia.

Relatos históricos del periodo colonial describen el uso de quipus para registrar genealogías, disputas legales e incluso historias personales. Un relato cuenta que una mujer presentó un quipu que, según ella, contenía la historia completa de su vida.

Si esto es cierto, sugiere una forma de codificación narrativa que va mucho más allá de la contabilidad.

La arqueología y la búsqueda de significado

Los esfuerzos modernos por comprender los quipus se basan en comparaciones minuciosas y en el reconocimiento de patrones. Las colecciones de quipus que han sobrevivido han sido catalogadas y digitalizadas, lo que permite a los investigadores analizar similitudes entre regiones y periodos históricos.

En algunos casos, los quipus se han vinculado con documentos censales de la época colonial creados poco después de la llegada española. Estas correspondencias sugieren que al menos algunos quipus registraban la misma información que aparece en documentos escritos, ofreciendo un raro puente entre sistemas.

Otros hallazgos apuntan a una complejidad aún mayor. Un pequeño número de quipus parece utilizar características táctiles como fibras animales incrustadas y texturas variadas, lo que implica que el tacto desempeñaba un papel en su lectura. Algunos investigadores sostienen que ciertos quipus podrían representar un sistema logosilábico, codificando sonidos o palabras y no solo números.

Si se confirma, esto obligaría a replantear qué se considera escritura.

La preservación y lo que está en juego

Hoy en día, los quipus se conservan en museos y archivos de todo el mundo, con las colecciones más grandes en Perú. Son objetos frágiles, vulnerables a la luz, la humedad y la manipulación. Preservarlos es tanto un desafío técnico como intelectual.

Pero lo que está en juego va más allá de la conservación. Cada quipu no descifrado representa datos perdidos sobre cómo una sociedad se entendía a sí misma. La propiedad de la tierra, los sistemas de trabajo, las estructuras de parentesco y las historias locales pueden estar todos atados en cuerdas que ya no pueden hablar.

Cuando las lenguas desaparecen, también desaparecen los registros que hacen posibles. Los quipus nos recuerdan que la historia no se pierde solo cuando los textos se queman, sino cuando los sistemas de significado que los sustentan caen en el olvido.

Sobre del autor
Prateek J

Prateek J

Prateek es un escritor independiente con formación académica en ciencias de la información e ingeniería. Tiene un gran interés en el campo de la semiótica y disfruta del teatro, la poesía y la música.