En conversaciones anteriores sobre la transcripción dentro de los tribunales, explicamos que la transcripción actual es la más precisa que el sistema legal ha tenido hasta ahora. Sin embargo, todavía existen complicaciones además de los problemas técnicos y el ruido de fondo. Una sola palabra mal escuchada o ambigua puede cambiar el significado legal de toda una declaración. Las investigaciones indican que los taquígrafos suelen transcribir incorrectamente dialectos no estándar, y pueden no captar ciertos contextos.
Estos pequeños errores pueden pasar desapercibidos, o quizá no, como ocurrió en el caso de Derek Bentley. La frase que se le atribuyó, “let him have it”, cambió el curso de su vida cuando las transcripciones introdujeron confusión sobre su intención. La interpretación de esa sola frase tuvo consecuencias de vida o muerte y evidencia un patrón más amplio: los errores de audición pueden tener consecuencias graves.
Por qué transcribir el habla es más difícil de lo que parece
Las personas suelen pensar en el habla como si fuera lenguaje escrito pronunciado en voz alta, pero la conversación es muy distinta a la prosa. Esto puede dificultar la transcripción y provocar errores.
El habla palabra por palabra es imperfecta
A pesar de lo que usted pueda imaginar inicialmente, los seres humanos no hablan con palabras claramente separadas con tanta frecuencia como se cree. “Did you eat yet” rápidamente se convierte en “Jeet yet?” durante una conversación. Si un transcriptor no captura la intención original, o si transcribe mal la nueva versión, la intención puede perderse.
Los homófonos complican las cosas
Los homófonos, es decir, palabras que suenan igual pero tienen significados distintos, por lo general no causan problemas, pero pueden hacerlo. Piense en la diferencia entre “know” y “no”, o entre “their” y “they’re”. Los pequeños cambios o las suposiciones pueden alterar el significado.
El contexto cambia el significado
Uno de los elementos más problemáticos de las transcripciones es la falta total de contexto. Tome, por ejemplo, la oración: “Yo no dije que él le disparó al empleado”. ¿Qué pasa con el significado si el énfasis recae en:
- “YO no dije que él le disparó al empleado” – No fui yo quien lo dijo
- “Yo NO dije que él le disparó al empleado” – Usted me acusó de haberlo dicho, pero no lo dije
- “Yo no DIJE que él le disparó al empleado” – Él lo hizo, pero yo no lo dije
- “Yo no dije que ÉL le disparó al empleado” – Lo hizo otra persona
- “Yo no dije que él le DISPARÓ al empleado” – Le hizo daño, pero no disparándole
- “Yo no dije que él le disparó al EMPLEADO” – Le disparó a otra persona
Las transcripciones no pueden capturar estos matices, lo que puede tener efectos potencialmente catastróficos si esas distinciones importan, especialmente en testimonios de testigos o confesiones.
El caso de Derek Bentley
Pocos ejemplos ilustran mejor el poder de los errores de audición en una transcripción que el caso de Derek Bentley en Inglaterra. En 1952, Bentley, de 19 años, y Christopher Craig, de 16, intentaron robar en un almacén. La policía intervino y Bentley se entregó a los agentes, pero Craig permaneció cerca, armado con una pistola. Según testigos policiales, Bentley le gritó a Craig: “Let him have it, Chris”. Esa sola expresión cambió el curso de todo el encuentro y, por extensión, la vida de Bentley. La fiscalía del caso argumentó que las palabras de Bentley eran una instrucción para que Craig le disparara al oficial y que, por una doctrina legal llamada responsabilidad conjunta, esto hacía a Bentley penalmente responsable del homicidio, aunque él no hubiera disparado. La defensa argumentó que, en inglés británico, “let him have it” puede significar “dispárale”, pero también puede significar “entrégale el arma”. En el caso no había ninguna grabación de audio disponible, así que todo dependía de la transcripción del testimonio de los testigos. Esa transcripción no logró capturar los matices de cómo pudo haberse pronunciado esa frase. Bentley fue declarado culpable de asesinato y ejecutado en la horca en enero de 1953.
Desafíos dialectales sistémicos
Tristemente, el caso de Bentley no es único. Los errores de audición ocurren todo el tiempo durante las transcripciones y, aunque no suelen causar problemas, pueden hacerlo. Los datos indican que algunos grupos demográficos se ven afectados de manera desproporcionada por errores de transcripción. Estos incluyen:
AAE
El inglés afroamericano, o AAE por sus siglas en inglés, tiene sus propias reglas gramaticales. Compare los enunciados:
- Inglés estadounidense: “He’s been a police officer” (es decir, en algún momento ha sido policía)
- AAE: “He BEEN [or BIN] a police officer” (es decir, ha sido policía durante mucho tiempo y todavía lo es)
Las transcripciones no pueden capturar este significado si el “been” se escribe sin distinción, y si se omite, el significado cambia por completo. Históricamente, el AAE se ha transcrito de forma incorrecta a nivel sistémico.
Dialectos locales y acentos no nativos
Otros grupos afectados incluyen a quienes hablan inglés de los Apalaches, inglés del sur de Estados Unidos, inglés caribeño, variedades indígenas del inglés y acentos no nativos del inglés. Los cambios dentro de una transcripción suelen deberse menos a la dificultad de escribir correctamente sonidos individuales. Más bien, cuando los transcriptores se encuentran con acentos, es más probable que reformulen una gramática desconocida en formas que reconocen y utilizan. Esto puede alterar el significado. En lo que respecta a la transcripción, lo que esperamos escuchar y lo que realmente se dice pueden ser cosas muy distintas. Aunque las grabaciones de audio y video están ayudando a superar el desafío de los errores de audición, todavía es necesario mantenerse alerta para asegurar que ambigüedades como las que estuvieron en el centro del caso de Derek Bentley no provoquen consecuencias tan graves.
