Casi todo el que empieza a estudiar un idioma acaba pasando por lo mismo: sueña en ese idioma. Muchos dan por hecho que esos sueños son una prueba de verdadera fluidez. Al despertar, en cambio, descubren que su nivel está muy lejos del que recordaban. ¿A qué se debe?

Puede dar la sensación de que por la noche manda otra persona. Es tan fuerte que hay quien se pregunta si hablar varios idiomas da más de una personalidad. La explicación es más sencilla: la ciencia atribuye el fenómeno a cómo consolida el cerebro lo que se aprende. Dormir cumple, en realidad, una función útil en la adquisición del idioma. Y les pasa a muchos principiantes: sueñan con todo detalle en idiomas que, fuera del sueño, casi no hablan. Conviene detenerse en esta experiencia, que va más allá del idioma que se estudie, y en lo que puede estar ocurriendo en el subconsciente.

¿Por qué soñamos en un idioma que apenas dominamos?

No hay dos casos iguales entre quienes sueñan en un idioma extranjero. Algunos pueden reconocer las palabras al oírlas y entenderlas al instante; otros llegan a hablar ellos mismos, con una soltura y una complejidad que no tienen cuando están despiertos. Los sueños se alimentan de lo que pasa durante el día, así que el fenómeno es más frecuente en quien va con regularidad a clases, se sumerge en el estudio o viaja al país donde se habla el idioma.

Que el idioma se cuele en los sueños tiene que ver con el orden de prioridades del cerebro: lo nuevo se lleva la atención antes que nada. Por eso puede verse a un bebé quedarse mirando largo rato un objeto o la cara de una persona. Estudiar un idioma nuevo supone recibir a todas horas ideas, palabras y sonidos desconocidos, y el cerebro tiene que emplearse a fondo para procesarlos, un esfuerzo que puede prolongarse hasta los sueños, cuando consolida lo ocurrido en el día.

Ahora bien, los sueños no siguen las reglas de la vigilia. Eso lo sabe cualquiera que haya soñado. Dentro de un sueño, uno puede hablar en otro idioma sin llegar a oír todo lo que de verdad dice. Eso puede dejar la impresión de haber hablado sin errores, porque el mensaje se entendió, no porque las palabras estuvieran bien empleadas.

El dominio del idioma sí influye en cómo y en qué se sueña. Los estudios sobre los sueños de personas multilingües apuntan a que, con un dominio más alto, es más probable mantenerse en ese idioma durante todo el sueño. Pero incluso para un principiante, un idioma que se usa a diario puede estar fresco en la memoria, sin más, y ser lo que con más facilidad dé forma a los sueños.

El papel de los sueños al aprender un idioma

Si la idea es estudiar un idioma nuevo mientras se duerme, todo apunta a que no funciona. Un sueño no ofrece de forma fiable ni ejemplos reales del idioma ni corrección sobre lo que se dice. Lo que puede hacer es ayudar a estabilizar lo que uno ya sabe. Los investigadores han visto que, durante el sueño, el cerebro consolida el vocabulario, la gramática, las pautas del habla y más cosas, ordenando lo estudiado y archivándolo. En un estudio pequeño, los adultos que durmieron una siesta de noventa minutos después de aprender una lista de palabras aún las recordaban; los que se quedaron despiertos olvidaron parte.

Es decir, soñar en otro idioma es prueba de que ese idioma está activo en el cerebro y de que el cuerpo trabaja a favor de lo que uno quiere aprender, analizando la información e intentando decidir qué hacer con ella. Dormir no equivale a «estudiar». Pero estos sueños son señal de que el idioma ya resulta lo bastante familiar como para aflorar por su cuenta. Y si el idioma nuevo no aparece en los sueños, eso no significa que no se esté avanzando. Puede que, simplemente, el cerebro tenga otras prioridades que codificar, que uno sueñe y lo olvide al saltar de un sueño a otro, o que el cerebro procese el idioma sin dejar que influya en lo que se sueña.

Quien quiera subir de nivel con el idioma (y aprovechar las ventajas de ser multilingüe, ¡que son muchas!) tendrá que seguir estudiando despierto. Pero proteger las horas de sueño ofrece al cerebro las condiciones que necesita para procesar lo estudiado. Así que conviene darle al descanso un sitio en la estrategia, en lugar de dejarlo para lo último.

Sobre del autor
Carrie Ott

Carrie Ott

Carrie Ott es una escritora de negocios multilingüe, editora y entusiasta de la herpetocultura.